Y SI NO..¡A REFORMAR!

Hay veces en que la situación no cuadra con algunos de los elementos de que disponemos.

Veamos: conocemos a fondo a los clientes, sabemos qué queremos realizar en función de lo que nos piden, y de qué forma expresarlo, etc.

Pero algo pasa con el lugar…: no nos da lo que pedimos…, la distribución más adecuada no puede ser lograda de la mejor manera…, nos faltan puertas, ventanas, muros…O nos sobran.

O tenemos un interminable “chorizo”, que en una primera instancia nos presenta la terrible opción de un pasillo igualmente interminable para comunicar los sectores (pesadilla en la que caeremos sin el conocimiento adecuado o al menos un poco de imaginación)

O un lugar sombríamente oscuro…

Entonces, señoras y señores, no queda otra alternativa que… ¡reformar!

Y aquí sí que se abren infinitas posibilidades para concretar en el espacio elegido la tan ansiada “funcionalidad”, y la correcta distribución de espacios.

Pero ha de partirse de una condición sine qua non: partir obligatoriamente del plano. Nada de hacer pruebas porque “me pareció” que allí quedaba bien hacer esto o aquello. Los platos rotos los puede pagar el bolsillo, o la comodidad de algún integrante de la familia…, o todos.

Es en el plano donde trazamos líneas, dibujamos, imaginamos, vemos hasta dónde es prudente continuar un muro, dónde conviene poner una abertura, dónde no es necesario ni lo uno ni lo otro, de qué forma se interconectarán los diferentes espacios,

hasta dónde hacer llegar un pasillo, y cuál es la mejor forma de interrumpirlo, dónde la incidencia de la luz hará que en lugar de iluminarse un habitación se iluminen dos, por ejemplo.

Y no estamos arriesgando nada más que un poco de tiempo. Una bicoca.

En próximos artículos estaré dando ejemplos de cómo una buena resolución en un plano puede solucionarnos un entuerto.

De la mano del plano van, lógicamente, los planos de alzados, alzados, o vistas, cuya función fundamental consiste en mostrarnos desde un punto similar a cómo lo veríamos nosotros, el lugar modificado con paredes, aberturas, detalles, etc. (esta es la definición más elemental que puedo dar)

Aquí podemos relacionar directamente alturas, y hacer jugar el elemento humano en sus diferentes actividades, visualizadas como posiciones. Veremos entonces hasta qué altura hacer llegar un murete para que no se vea lo que no quiero mostrar, a qué altura poner cierto artefacto de iluminación para que no nos deslumbre; cómo se ve cierto elemento a construir en relación con los ya existentes.

Y una vez resuelto todo esto, entonces sí: a comenzar la reforma: a llamar a los obreros, a romper, cortar, comprar los ladrillos o placas de yeso estrictamente necesarios, bajar techos, subir pisos, cambiar elementos de lugar, y todo lo que se nos ocurrió, con la tranquilidad de que estará bien hecho. Porque fue bien planificado.

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