Oikos: La casa perfecta

Hace poco más de un año, en Expo Zaragoza 2008, tuve la oportunidad de conocer el proyecto científico de una edificación autosuficiente energéticamente, con un coste muy bajo de producción.

La casa estaba emplaza en la Plaza Temática Oikos (casa en griego), pero es justo criticar a la organización que un visitante a esa plaza no salía de ella con conocimientos sobre la edificación, pieza principal de la plaza, sino que el emplazamiento daba más importancia a los elementos lúdicos que  la revestían: un tornillo de Arquímedes para elevar agua, trenecillos accionados por veletas…

La gente que visitaba esa plaza temática no era consciente de los avances científicos que en ella se mostraban. Yo tuve la suerte de realizar una visita con el director científico de la plaza, el físico del CSIC Domingo Guinea, para realizar un reportaje para Europa Press.

La solución propuesta en Oikos se centraba en la energía solar, la más abundante y constante del planeta. Según afirma Guinea, un edificio recibe cada día en forma de radiación solar unas 16 ó 17 veces la energía que consume. Pero ¿cómo aprovecharla?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el 70 por ciento de la energía que consume una edificación es térmica y el treinta por ciento eléctrica. Para que un edificio sea autosificiente térmicamente debe recoger el calor del verano y almacenarlo para usarlo en invierno, y entonces almacenar el frío para el verano.

¿Cómo puede hacerse esto? Imagínense un muro formado por cuatro pieles. Las dos del centro son aislantes, las dos exteriores conductoras. La capa exterior del muro, que da a la calle, recoge el calor de los rayos del sol en verano y los almacena en el subsuelo. Lo mismo hace en invierno con el frío. Según Guinea, si las zonas de calor y frío del subsuelo están peféctamente separadas y aisladas, esa energía térmica tardará tres años en estabilizarse.

Tenemos pues la casa bien aislada del exterior y dos almacenes de calor y frío en el subsuelo. Además de otra capa conductora en el interior que nos permite tener la casa durante todo el año a 20-22 grados.

Pero eso no es todo, ya que la energía del subsuelo no sólo se puede almacenar, sino también acumular mediante una recogida selectiva, alcanzando temperaturas que la hacen válida para su uso como agua caliente sanitaria, o de varios grados bajo cero para la congelación. La distribución a una u otra temperatura se puede controlar mediante diferentes materiales conductores, lo que permita tener un hábitat a 20 grados, una zona de refrigeración de alimentos a seis, o incluso un horno donde asar alimentos.

Respecto a la energía eléctrica, lo primero que hay que tener en cuenta es que, solventadas las necesidades térmicas disminuye considerablemente la demanda de electricidad, ya que gran parte de ella la utilizamos para generar calor o frío. La solución que propone Oikos, es la de la placa solar, durante las horas de sol la casa absorbe la energía que necesita, el resto, lo acumula en forma de hidrógeno, con el que generar electricidad posteriormente.

Frente a la creencia de que el hidrógeno es una tecnología poco desarrollada, Guinea defiende que las pilas de hidrógeno pueden ofrecer respuesta perfectamente a las necesidades de almacenamiento de energía en el uso doméstico (otra cosa es en la automoción, u otros sectores, en los que el desarrollo es inferior).

Aunque es verdad que hoy poy hoy es una tecnología «artificialmente cara», ya que existen muchos desarrollos científicos, pero escasos desarrollos industriales o comerciales.

¿Por qué si una casa puede ser autosuficiente energéticamente no se promocionan más estos desarrollos? Guinea es tajante: «No interesa ni a las compañías que producen energía ni al fisco que las gravan».

Guinea hace hincapié también en el importante desarrollo que podría suponer en la reforma de viviendas, construidas hace 40 o 50 años,  con pésimas condiciones de aislamiento y climatización. Un revestimiento de dos pieles -una aislante y otra conductora- en cada parte del muro, dos secciones de tubos de almacenamiento (uno para frío y otro para calor) en el subsuelo y sistemas de distribución interna. Guinéa calcula que la inversión que necesitaría hacer un edificio (casa, bloque de pisos…) se amortizaría en 15 años.

Este y otros desarrollos de aislamiento y climatización serán posiblemente en un futuro un importante nicho de trabajo para el ramo de la construcción y de las reformas.

Oikos se encuentra ahora en Arganda del Rey (Madrid), en las instalaciones del CSIC, donde los científicos siguen trabajando en la investigación y en la divulgación.

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