Morosidad en la construcción.

Ayer pude comprobar como el dicho ” la pescadilla que se muerde la cola “, es un comentario que viene bien para explicar una consecuencia de la crisis actual.

En un programa de televisión hablaban de los gastos y deudas de los ayuntamientos españoles, los cuales han gastado más de lo que ingresaban. Bien es sabido que muchos ayuntamientos han ganado dinero con la construcción, vendiendo terrenos y con las licencias de obras.

En el reportaje, un empresario de la construcción explicaba que había dejado la actividad de la construcción porque no tenía trabajo y además muchos ayuntamientos le debían dinero. El hecho de no cobrar por parte de los ayuntamientos, los primeros morosos, le obligaba a no poder pagar a sus proveedores, con lo que automaticamente se convertía en moroso.

A su vez estos proveedores no pagan a sus propios proveedores, de esta forma, estos también pasaban a ser morosos.

Si los trabajadores de esas empresas no cobran no pueden pagar sus hipotecas y se convierten en morosos de los bancos.

Los bancos si no cobran las hipotecas no prestan dinero y por tanto los ayuntamientos y las empresas no tienen liquidez monetaria.

Al final resulta que se cierra el círculo y no hay forma de salir. De este modo mientras no se rompa la cadena por algún eslabón no podrá comenzar de nuevo la actividad de la construcción.

Lo peor de todo es que esto tienen pinta de ser para largo. Lo peor puede estar por llegar y son muchos los que se quedarán en el camino. Los que menos recursos tengan serán los grandes olvidados de la crisis.

El mundo seguirá girando pero menos engrasado a trompicones.

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