La empresa de reformas, día a día.

Una trabajador asalariado, que trabaja en una empresa, no sabe lo que es ser jefe, ni conoce los entresijos, preocuapaciones y anhelos del gestor de una empresa de reformas.

Cada vez que levanta la persiana de su negocio, tiene una serie de gastos fijos que no saben de crisis y que hay que pagar, haya trabajo o no.

Tiene la preocupación diaria  de buscar trabajo para sacar adelante su empresa. Un asalariado, acude a su puesto de trabajo, realiza su labor y se marcha a casa.

La empresa de reformas, tiene que esperar que un cliente le llame para presupuestar una reforma.

Después de realizar el presupuesto, ajustando el precio al máximo, tiene que esperar a que le acepten el presupuesto.

Si le aceptan el presupuesto, tiene la preocupación de realizar correctamente el trabajo y no tener problemas imprevistos con otros gremios, falta de suministro de materiales o trabas durante la realización de su labor.

Por último, terminado el trabajo, el posible impago de la factura o retrasos en el cobro, teniendo en cuenta que los proveedores no esperan, puede tener desfases en la tesorería.

Para finalizar, pagar los correspondientes impuestos e incrementos constantes en los costes de materiales.

Todo esto para sacar un sueldo digno, sin aspirar a grandes logros económicos y con la esperanza de que la situación cambie.

Así cada día, pensando si mañana tendrá trabajo y cuanto durará. También puede ocurrir, que no es el caso, tener un exceso de trabajo y no poder atender, quedando mal con los clientes, y encima con la posibilidad de perderlos.

Un cliente es dificil conseguirlo, pero es facilísimo perderlo.

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