Grifería empotrada en pared.

Hay tantas variedades de griferias que desde que se inventó la grifería para empotrar en las paredes, han surgido muchos modelos y formas de gestionar el agua de la ducha.

Soy contrario a las griferías de empotrar en las paredes de los baños. Si pones un grifo de empotrar es como cuando te casas, es para toda la vida. Esto significa que ese modelo será el que tendrás que mantener aunque te canses del mismo.

Grifería para ducha.

Las única opción que tienes es, cambiar el cuerpo de la grifería cuando se te estropee, eso siempre que cuando vayas a cambiarlo, no lo hayan dejado de fabricar. En ese caso tienes un problema, ya que probablemente no lo encuentres en ningún almacén, que será lo más fácil. La solución en este supuesto, será picar la pared, reformar las tomas, poner otro grifo y volver a tapar con azulejos, eso claro, siempre que tengas azulejos de respuesto. Si no tienes azulejos de cuando hiciste la obra, toca poner azulejos de diferente color y forma.

Soy partidario de los grifos exteriores, que se enlazan en las tomas de la pared, que se roscan en las tomas del agua fría y caliente. Si alguna vez se te rompe o quieres cambiar de modelo por otro más moderno, no tienes ningún problema, ya que las medidas entre tomas son estandar, con 15 cmts de separación entre ejes de las tomas.

Las griferías de empotrar para ducha, esteticamente son muy interesantes, pero a la larga pueden dar problemas por falta de repuestos y digo solo pueden porque si pones una marca conocida, es fácil que después de años tenga recambios.

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