Derribar los tabiques.

Cuando nos planteamos derribar un tabique que separa una estancia, para ampliar espacios o para desplazar el tabique a otra posición, debemos pensar las consecuencias de dicha reforma y como quedará el espacio libre.

Si tiramos un tabique, lo normal es que tengamos que modificar la instalación eléctrica que hay en el tabique, enchufes, interruptores, etc, esto nos obligará a desplazarlos o anularlos.

Derribar las paredes.

También puede suceder que tengamos un radiador de calefacción y los tubos queden a la vista, y de esta manera, tengamos que reformarlos para ocultarlos y poner el radiador en otra posición.

El tabique o tabiques que se derriban, si no se van a levantar nuevos, en la misma posición, dejarán un espacio libre en el suelo que es el espacio que tiene tarima o baldosa. De esta manera, tenemos que pensar como vamos a cubrir ese vacio, si con una madera, cemento u otra baldosa. Esteticamente no queda muy vistoso, pero alguna solución tenemos que darle para rellenar ese suelo.

En el techo (foto), la solución es más fácil, porque picando los resaltes y luciendo el mismo, con yeso, igualaremos el mismo. Simplemente tendremos que pintar, quizás ambas estancias para que no se noten diferencias de color.

Así que derribar un tabique, no significa solo tirar la pared y recoger los escombros, también supone reorganizar los espacios y el entorno de alrededor.

Todo esto siempre que los tabiques no sean muros de carga, como sucede en casas antiguas, donde algunas paredes, soportan el peso y estructura del bloque, en este caso nos podemos olvidar de tirar la pared. Las consecuencias pueden ser nefastas.

Antes de tirar una pared, contactar con un profesional albañíl y que nos aconseje la mejor solución, y si el trabajo es o no factible.

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