De presentaciones, diseño, desencuentros y algunos etc.

Mónica         Antes que nada, presentarme: mi nombre es Mónica S. Arbelo, y soy Diseñadora de Interiores y Equipamiento, y Escenógrafa Comercial (Escaparatista). 

A partir de la invitación a unirme a este blog, me surgió la inquietud de ver desde qué punto enfocarme para hacer mi aporte, y cuál debería ser éste. 

Desde luego, no desde el de los técnicos que aparecen ya, sino en el del ramo que me compete: el Diseño.Y creo que es necesario y útil, para evitar ciertas desinteligencias que se producen en ocasiones.Veamos: por definición, el Diseñador de Interiores es aquel técnico capacitado para (en virtud de sus conocimientos de Arte, Diseño de Espacios, Técnicas de Expresión Gráfica, Luminotecnia, Ergonomía, Tecnología de los Materiales, rudimentos de Instalaciones Sanitarias y Eléctricas, Comunicación, Marketing, Semiótica, Psicología, etc.), entender e interpretar las necesidades y requerimientos de cada cliente (léase: en forma personalizada), creando espacios habitables, o modificando los ya existentes (esta definición me pertenece, y más o menos concuerda con la de cualquier Diseñador, según cómo haya sido su formación técnica, e inquietudes académicas previas y/o posteriores). 

Por lo tanto, será la persona capaz de, partiendo del conocimiento previo del cliente (sus preferencias y rechazos, historia, particularidades, entorno familiar), y del lugar a modificar (medidas, características, historia, patologías, relación con el entorno), y luego de un profundo análisis, llegar a una síntesis estética y funcional satisfactoria de las expectativas, en una forma ordenada y coherente, y con economía de recursos según el caso. 

Desde esta definición, se desprende que el Diseñador, al momento de materializar su proyecto (y en ocasiones, antes aún) no realice su actividad solo. Son esperables las consultas e interacciones entre Diseñadores, Arquitectos, Ingenieros, Constructores, Sanitarios, Electricistas, Carpinteros, y una larga cantidad de etcs. Dejo para cada uno el deseo de una autorreflexión y autodefinición, que clarifiquen el cometido de cada cual. 

Y menciono esto porque, al momento de trabajar en conjunto, hay ocasiones (contadas, por cierto), en las que surgen ciertas confusiones acerca del alcance de la tarea de cada cual, y, aunque se quisiera, no es posible decir, como Goya: “¡Zapatero, a tus zapatos!”, por haber ciertas áreas donde los límites son bastante imprecisos. 

Y así pasa que, el vidriero no entiende cómo al diseñador se le ocurre cierta forma, qué según su experiencia, es imposible, sin embargo, al realizarla se demuestra que es perfectamente factible. O existen diferencias con el sanitario, porque en un caso particular, lo que para el segundo es una economía de recursos, para el primero es un problema de ubicación y mal aprovechamiento del espacio, por ejemplo. Y se crean los preconceptos de que el otro no sabe lo que está haciendo, o pretende entrometerse en lo que es materia sagrada de uno mismo. 

Y de esta forma se van sucediendo situaciones que van desde lo enojoso hasta lo risible, como el caso del albañil que reivindica que, por su práctica, sabe más que el arquitecto, lo cual es verdad a medias, ya que, si bien el primero cuenta con una respetable experiencia de campo, es el segundo quien le indica proporciones, materiales, etc., previamente estudiados.¿Cómo resolver el dilema? Simplemente teniendo en cuenta el papel de cada cual, y viendo cómo es la interacción entre todos, para lograr que la tarea de creación sea una labor rica en aprendizaje para todas las partes, y redunde en beneficio del cliente (y por consiguiente, en beneficio de todos los intervinientes)  

Así es que, espero, con esta serie de artículos, que presentarán también algunos casos prácticos, definir específicamente la actividad del diseñador para mostrar cómo se  inserta en el proceso constructivo. Sea este mi aporte. 

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